EL PADRE REBAZA, UNA VIDA AL SERVICIO DE LOS DEMÁS

sábado, 11 de agosto de 2018

ARMAS DE FOGUEO, de Chrystian Zegarra


Armas de fogueo 

Chrystian Zegarra


Hipocampo Editores

(Lima, 2018)

  
En sus inicios poéticos, Chrystian Zegarra (Trujillo, 1971) publica dos volúmenes colectivos: Inmanencia, en 1998 y Regreso a Ourobórea, en (1999). Ernesto lumbreras manifiesta que en El otro desierto (2004) “el paisaje anímico se revela en el cruce del sacrificio y de la resurrección bajo una óptica naturalista reinterpretada en momentos por Francis Bacon (...) pero en Cinema de la crueldad (2009) se hace un selecto, seductor e inquietante recuento, y también un paseo y una relectura por una filmografía (...) donde la poética del dolor se resuelve como conciencia del cuerpo y de sus límites”. En Cinema, “como con un golpe de mar sobre el rostro” (se recuerda aquí el verso de “Datzibao”, del recién fenecido, gran poeta y erudito Enrique  Verástegui), Zegarra restriega en la cara una realidad nítida, amenazadora, sutil; ora avezada, ora de una acritud impredecible, cuando no azas irónica, mordaz. Ésta realidad es una caza de escenas de lo cotidiano. Varios epígrafes revelan su filiación al malditismo: Antonin Artaud; o, por momentos, hermético: Martín  Adán. Cinema es también juego surrealista: Xavier Abril. Chrystian Zegarra, ganador de la XII Bienal de Poesía Premio Copé de Oro, con Escena primordial y otros poemas (2007); también profesor asociado en Colgate University, publica después de diez años, Armas de fogueo (Hipocampo Editores, 2018). El poeta dispara en el epígrafe que da inicio al libro (pág. 9), a golpe de tambor detonante, un verso de Philippe Soupault (París, 1897-1990):

“El disparo de un revólver sería una melodía tan suave”.

Soupault, compañero de filas surrealistas del poeta peruano César Moro (Lima, 1903-1956), ambos apadrinados por André Breton bajo la consigna de “la palabra designando el objeto propuesto por su contrario” inician el rito de “Entrada” en el libro que nos ocupa. Poema surrealista de un solo verso que rememora “Visión de pianos apolillados cayendo en ruinas”, del citado Moro; un texto que deja al lector de a pie sin aliento, por lo caótico, solar, de sus imágenes, en un cósmica mixtura esplendente, que erupciona, efervesce, con quien César Moro da inicio a su famosa obra maestra: La tortuga ecuestre, publicada póstumamente por su albacea literario André Coyné, hacia 1957. Armas de fogueo refracta sobre el agua alguna escena bélica; un reverbero de luz fosforeciendo en las pupilas del venado, presa del disparo. Atravesamos, pues, como lo dice Edgar Paiewonski-Conde en la contra carátula del poemario, “una zona de batalla”, que lejos de propender, como en Cinema, a bodegones anímicos, más bien recorre las ciudades devastadas por personajes rudos, indiferentes al dolor, para detenerse abruptamente en cuencos desportillados donde se bebe bourbon artesanal, maquinalmente, al más crudelísimo y salvaje estilo de Popeye (Santuario), novela en donde explora William Faulkner el flujo de consciencia, introducido por el psicólogo William James (padre de Henry) desde distintos puntos de vista narrativos de cada uno de sus veinticinco personajes alrededor de sus cincuenta y nueve capítulos. Camina, Zegarra, por reinos inmanentes; un sub mundo, acaso, en picada, donde lo que gratifica es la palabra del más fuerte, en una hórrida selva, viciada por el tremendo espectáculo de la banalidad, la corrupción, el poder, manejándonos, como una marioneta. Los personajes en Armas de fogueo ya no son actores de un cinema crudo y descarnado; son más bien baluartes de la más impía batalla. Muestra de ello, leemos (pág. 15) en el poema “Monumento”:

la cabeza / de quien se transportaba a hombros de litera / rueda / y despeina el sendero de alfalfares / mansamente se estaciona / junto a pilares derruidos de un caserón antiguo

Se evidencia influencias de quien mediante la narración de Mientras agonizo (1930), hiciera relatar a sus veinticinco personajes, en cincuenta y nueve capítulos, a la familia campesina, los Bundren. Durante su trayecto escabroso, acaecido en un ambiente sureño de los Estados Unidos, una justa odisea que es a la vez el reflejo de los padecimientos y la aventura llevada, como quien carga una cruz agónica, la del sufrimiento. Podría ser escenario Nueva York, como también podría serlo una comarca norteña “peruana del Perú” de los años ochenta, o la cinemática, ya sumergida más de dos veces al mismo río: ¡el mismo río de Cinema de la crueldad! Como en Final aún (Edgar Saavedra; Caxamarca, 1976), Zegarra es un carnicero, presdigitador verbal cada vez más evanescente, hasta uno de esos finales que hacen close-up retrovisor: caleidoscopio bamboleante de cabezas cercenadas por la acidez de pútridas aguas de relave. Fortalecido por una arquitectura poética, de libro-objeto, Armas de fogueo es una cámara/trampa, si se quiere, perpetrada por un aeda iracundo, descarnado, calculador, nítidamente deshojando escenas que pueden tocarse con la punta de la nez. Alerta dominio de sí mismo; ecuánime, seguro, desbasta aristas en ángulo recto, de un “anfibio milenario” que nos hace recordar al axolotl de Cortázar. Hablamos del poema “Retaguardia”, pág. 16, que reza:

“Nadie esperaba el regreso del anfibio milenario (...) a falta de boca / una mordaza modeló / el ángulo recto de su mandíbula / y con dedos que semejaban extremidades de reptil (...) / atracaba / las barricadas del olvido”.


Las piezas poéticas: “Herencia”, “Desquite” o “Vuelta de tuerca”, compendian la primera parte: Entrada (pág. 11); para, en la sección denominada La jaula de los enajenados, exiliar a sus personajes sin nombre; seres anónimos que beben de la fuente misma del desvelo. Los textos del volumen llevan impresas fotografías de alta resolución sobre un film anímico, barómetro de una “alta sociedad” en picada. No sin destreza literaria, Zegarra disecciona las partes más horrorosas del mundo, hasta dotar sus escenas, incluso, de hedor a carca de caballo. Un campo de maíz acentúa la orfandad de un agricultor americano vistiendo de sombrero de ala ancha y uniforme camuflado, que bebe whisky en jarro desportillado, al final de cada jornada. Desolación descripta, honda polifonía de sus personajes rodando un microfilm compacto. Magma cinemático es Armas de fogueo. A diez años década de silencio poético, Chrystian Zegarra, Doctor en Literatura Hispánica en la UCLA, nos ha apabullado con estas ‘armas de fogueo’, que, o bien serán cura para despiertos, o bien una patada en el trasero a los condenados; vaya usted a saberlo, porque Armas de fogueo es un libro de poesía que nos deja fuera de combate. 



Caxamarca, agosto de 2018


miércoles, 8 de agosto de 2018

"Odiario", de Renato Sandoval


 Odiario

Renato Sandoval Bacigalupo

Amotape Libros, 77 págs, Lima





miércoles, 25 de julio de 2018

Curso Taller HABLA BIEN

TALLER:
HABLA BIEN: Arte de la Comunicación para el Talento Humano




FECHA: 01 DE SETIEMBRE DE 2018
MODALIDAD PRESENCIAL


DIRIGIDO A: Público en general.

MODALIDAD: Presencial

LUGAR: Conjunto Monumental Belén. Dirección Desconcentrada de Cultura – Cajamarca. Jr. Belén 631

HORARIO: De 9:00 a.m. a 1:00 p.m.

DURACIÓN: 1 sesión de estudio

INVERSIÓN: S/. 100.00 - No incluye I.G.V.

CERTIFICACIÓN:
A los participantes que logren un desempeño satisfactorio, se les otorgará su respectivo diploma (Diploma por 04 horas académicas lectivas).

TEMAS DEL TALLER:

Ø  Relajación y respiración
Ø  Concentración
Ø  Postura corporal
Ø  Creatividad escénica en la comunicación
Ø  Gestión emocional en la comunicación
Ø  Vocalización
Ø  Impostación de voz
Ø  Ritmo y balance vocal
Ø  Desempeño escénico integral para la comunicación
Ø  Presencia escénica

TALLERISTAS:

Lic. Luis Enrique Guerrero Luna
Licenciado en Educación, en las menciones de Lenguaje y Comunicación Social. Su personalidad y preferencias lo llevaron a desarrollarse más como un comunicador social, gestor cultural y artista multifacético. Su experiencia en el teatro ha hecho de él uno de los conductores de TV más genuinos del medio y su pasión por la cultura han definido su pensamiento y su expresión oral. Actuó por primera vez a los 8 años y oficialmente arrancó a los 16. Por años trabajó con Duermevela y Cierto Consenso, y sus últimas especializaciones las realizó en "Ensamble", con Sergio Galliani; "Spiral", con Nicolás Fantinato, Alejandra Saba y Armanda San Martín; y "La Reserva Impro", con Gonzalo Iglesias. También practica la literatura, la pintura y la música.

Mg. Eduardo Farfán Cedrón
Magister en Gestión de la Educación. Administrador y Psicólogo de formación. Coach Ejecutivo por INCAE Business School (Costa Rica). Certified Success Coach (CSC) por Success Unlimited Network (USA). Advanced Training Course en Técnicas de Terapia Racional Emotiva Conductual por el Albert Ellis Institute (USA), Formación en Terapia Familiar Sistémica (Perú), Master en Dirección Estratégica del Capital Humano. Entrenador Acreditado por ISEM. Formación básica actoral con Mario Delgado (Cuatrotablas, Perú).


INFORMES E INSCRIPCIONES: 
Celular: 957 369 554

domingo, 1 de julio de 2018

“Ayawaska Blues”, un viaje sin retorno



Link video: https://youtu.be/LzYwPV4wEIM


Rewolver acaba de regresar de Barcelona. Corre el año 2014. Ha grabado, como solista, su primer disco: “Biósfera Blues”. Ya instalado en Perú, junto a su hermano Charly, administran un “pequeño infierno florido” de música rock & roll en vivo; dulce puerto de transición entre la realidad y la magia del blues llevado a los reinos alucinantes de la inconsciencia. Como todo paraíso, tiene su fin. Han pasado dos años. Carnaval 2016 en Ciudad de Espinas. Rewolver es invitado a participar en el primer “Carnavarock” como solista. Desiste de dar el espaldarazo a solas y se atreve a formar su propia banda de blues, invitando a tres jóvenes músicos del entorno local: Paul Vera Pulcho (Bass), André Caballero Oso (Guitar), Arturo León Arturito (Drums), Hans Seminario Rewolver (Guitar). El nombre de “Ayawaska Blues” está inspirado en el ritual ceremonial de dicha planta, “soga de la muerte”, usada por los antiguos pobladores incas como método de sanación para aplacar los demonios internos de cada ser. “Ayawaska Blues” es también el solaz a las conciencias descarriadas, a través de melancólicos y a la vez agresivos acordes que nos tele-transportan a otras dimensiones psicotrópicas donde gana reino el estado volcánico, la paranoia efervescente, el mito real de conquistar suerte expansiva a la maravilla del blues alucinatorio, colorido. La sensación de este arriesgado viaje a una dimensión desconocida, guarda mucha relación con los sentimientos profundos y primarios que uno siente al escuchar blues. Si se quiere, un viaje sin retorno, un ritual espectro-psicótico en las alturas catárticas del cerebro en pleno estado de expansión alucinógena, a través del ensalmo del blues catártico y las cuerdas de una guitarra que nos estrangula de éxtasis musical, de pura y magnífica detonación, para suerte expansiva de la mente. Si las puertas perceptivas se mostrasen en toda su amplitud musical, ése sería sinónimo de blues y alucinación, un himno a la locura detonante de cuerdas bluseras en toda su onda expansiva de sonoridad: “Ayawaska Blues”. La banda debuta siempre con la consigna de cultivar su propia música y estilo; desde sus inicios, haciendo sólo música instrumental. Desde entonces, ha ido tocando continuamente en bares, discotecas y eventos benéficos; destacando su propio estilo rítmico; hasta que, a inicios de 2018, decidieron incluir una voz femenina en el grupo, para darle más contundencia a las irreverentes letras de sus canciones, esos cánticos al borde del amanecer, con aves rarificadas esgrimiendo el verdadero dolor de la melancolía y la alucinación musical. Es así que a mediados de abril, Katteryne Aquino hace su primera presentación como cantante oficial de la banda. Actualmente, “Ayawaska Blues” viene trabajando en lo que será su primera maqueta de blues y rockabilly, prontamente difundida.


Jack Farfán Cedrón
Caxamarca, mayo 2018

martes, 30 de enero de 2018

"Una tarde de nubes coloradas y árboles de sombra azul", de JAVIER FARFAN CEDRON

Una tarde de nubes coloradas y árboles de sombra azul
Autor: Javier Farfán Cedrón
Editorial(es): Gobierno Regional de Cajamarca
Lugar de publicación: Cajamarca
Año de edición: 2017
Número de páginas: 64
Formato: 21.0 x 14.8

Precio: S/. 20.00 

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Reseña

No resultaría infructuoso afirmar que el volumen de relatos Una tarde de nubes coloradas y árboles de sombra azul, de Javier Farfán Cedrón, está compuesto por una atmósfera real. Compone un anecdotario vital en el que las situaciones más triviales se convierten en hechos serios; a veces hasta crueles, con que la vida nos remunera o mezquina. Ficciones serenas, que el narrador esgrime con destreza y pulcritud lo acaecido, pero que también calla lo sentido, con necesaria economía léxica o generosidad imaginérica. Historias calando en los sueños, que son deseos insatisfechos. Un mítico rumor avasallante de finales abiertos en donde la polifonía de sus personajes (hablan todos, muchos o nadie a la vez) se trepa en lo contado; de tal manera que nadie escapa a la ironía, al ejercicio melancólico, tanto como omnisciente, de esperar en una banca del parque, a ver si alguien toma cuenta del pasaporte necesario para el gran viaje fantasma y a la vez maravilloso de la literatura. 

Link

http://www.librosperuanos.com/libros/detalle/18857/Una-tarde-de-nubes-coloradas-y-arboles-de-sombra-azul

viernes, 1 de diciembre de 2017

"El Diario del Padre Luis Rebaza Neira Ofrecido al Señor Jesucristo" :: JUAN MANUEL CEDRÓN PLASENCIA (compilador)






“Quiero ser santo, Jesús Mío, para agrandar tu reino, para poder ser instrumento de tus obras.
A Dios he entregado por completo mis trabajos; en los ratos de apuro, rezaré la invocación a Jesús, José y María o Sagrado Corazón de Jesús en Vos Confío.
Le pido a Dios de todo corazón me haga muy humilde, porque sin la humildad todo estará perdido. Que ningún halago me haga perder esa virtud, por el contrario que todo lo acreciente.
He venido al Seminario a servir a Dios en mi prójimo, y a no ser servido ¡Hazme humilde, Jesús mío!”
Quiero servirte con todo mi corazón, Jesús Mío, y guardarte siempre en mi corazón.

Luis Rebaza Neira


        Han pasado 25 años de su partida a los reinos celestiales del Señor y 93 años de su nacimiento. Parece no haber pasado el tiempo cada vez que uno se encuentra con alguna estampita o fotografía del Padre Rebaza, y contemplándola, se dice para sus adentros: “Gracias, padre Rebaza, por permitirme estar con vida y tener más días de servicio a los demás; gracias por haber llegado con bien a mi humilde hogar”. La vida en gracia; qué hermoso título para algún opúsculo que honrara su memoria. Y es que los pasos son así; los pasos que se andan y que hacen el camino día a día. Ser agraciados por y para el servicio; y a cambio de ello, recibir las inconmensurables dádivas de Dios. Ánimas reinantes que poco envilecidas comparten la mano, el mendrugo, el trago de agua o simplemente la grata compañía. Blando y regocijante legado que el padre Rebaza dio a todos sus condiscípulos, a sus fieles, a los campesinos que trotando largas horas a pie, llegaban al Templo “La Recoleta” para ser agraciados por el espíritu divino de este Padre universal.
Parece tan cerca su fragante olor a rosas, cuando en el velatorio más de una persona percibió esa floral fragancia de quien luego de expirar, perdura para siempre en nuestros corazones.
Y es que el padre Rebaza nos dejó en sus diarios el sabio ejemplo de la templanza, de la bondad, del sacrificio humano por los demás; pero sobre todo, de la disciplina sin par y la mesura para con todo lo material.
        Esta labor editorial, de compilar los diarios del Padre Rebaza; complementaria a la 1ra y 2da. Edición del libro El Padre Rebaza, una vida al servicio de los demás, publicados en 1993 y 2016, respectivamente, no ha sido tarea fácil, y por lo mismo, más regocijante. El compilador de estos diarios, es el biógrafo oficial del Padre Rebaza, a quien todos queremos y recordamos. Herrero, docente, escritor, caminante: Juan Manuel Cedrón Plasencia. Asaz breve su biografía. Amigo del Obispo, en ese entonces, José Dammert Bellido; discípulo espiritual del Padre Rebaza. Lo suyo es dar a los cuatro vientos las enseñanzas de nuestro Luis Rebaza Neira. Y qué mejor manera, la de que todos conozcan sus diarios, en donde se puede notar, párrafo a párrafo, una filosofía de bondad indesmayable.
“Al leerlos, amable lector, de seguro pensaréis y reflexionaréis; evidenciando que el Padre Luis Rebaza Neira fue un “Gran Maestro”, discípulo de muchos santos que él mismo menciona: Santo Domingo, San Juan Bosco, San Agustín, San Sebastián, San Francisco de Asís, San Quirino...”[1] acaso a quienes emulaba en sus actos, en su disciplina, en sus obras de sacrificio y entrega al Señor sin dudar ni una lágrima.
        “Ulteriores a las diversas notas de su diario, se consignan algunos documentos valiosos que el Sacerdote atesoraba; a saber: un escrito de Hugo Wast: “Cuando se piensa”; una carta que da cuenta de una vista panorámica acerca de la ―en ese entonces― situación de la Iglesia Católica peruana, escrita desde Tembladera, el 24 de Febrero de 1972; la misma que estaba avalada por la Conferencia Peruana de Superiores (con Licencia Eclesiástica)”[2].
“Pero su denodado interés por los libros no sólo se dio a nivel religioso, sino también bélico; es así que también se animó a recopilar una heroica y pulcramente redactada biografía del teniente Luis Reinafarje Hurtado, “Héroe del Porotillo, 1941”, durante la guerra con Ecuador”[3]. Y, ¡Oh, tesoro lírico inhallable, un hermoso poema!: “Junto a la Cruz doblada”, que en su infinito desprendimiento humano nos ha otorgado para la posteridad eclesial, la prima hermana del Padre Luis: Ysabel Neira. Algunas fotos inéditas; y por qué no, el valioso testimonio de quienes lo vieron trajinar los hermosos parajes de Contumazá, donde se iniciara como sacerdote.
        “En el libro titulado Contumazá, Centenario y el Perú (1972) existe un primoroso fragmento firmado por Juan Luis Alva Plasencia. Sigue el hermoso poema “Ruego”, de la Señora Blanca Nava de Venturí; más la venturosa y halagadora noticia: “Nuevos sacerdotes”, celebrada por el alumnado y docentes de su antiguo Colegio “San Luis”, de Barranco, del cual el Padre fue ex alumno. Una suscrita y amable noticia del Colegio Micaelino, donde el joven Reverendo lanzó “elocuentes y emotivas frases invocadas al Divino Hacedor, para que siga derramando lluvia de bendiciones sobre aquellas benditas mujeres, dignas de reconocimiento, por su labor, allá en la casa” ”[4].
        No exageramos al afirmar que seguramente existen más y más testimonios de gente que lo conoció; gente que bebió de su espiritualidad. Ulteriores publicaciones darán cuenta de ello. Porque nuestro Luis Rebaza Neira se lo merece: atleta de los caminos por santificar, merece un podio en el cielo.
La mayoría de gente, quienes lo conocíamos, sentíamos al tenerlo cerca, un aura espiritual sin par; lo considerábamos como nuestro Salvador de nuestros más torrentosos “ríos metafísicos para desesperados, como escribió un día en Rayuela Julio Cortázar. Padre de nosotros, Cordero dadivoso del pueblo. Quien durante la calma de unas pocas, simples palabras, luchaba en nuestro interior, apagando las llamas procelosas que agobiaban nuestro espíritu. No dudaba un instante al despojarse de sus vestiduras; de lo material, que es efímero; que va, que vuelve. “Patrón de los estudiantes”, nos atrevemos a llamarlo con justeza.
Quizá un torrente de manuscritos lluevan a babor de su vital cometido beatífico. Cabe mencionar hasta este punto, que sólo es don (muchas veces ignorado) de contadas personas, irradiar paz, calmar tan sólo con las palabras. Un roce espiritual de manos por el cuerpo enfermo llagado de desesperanza; un sermón tan sencillo que expresa todo un recorrido, quizá por los boscajes de nuestras vidas; que, cómo saberlo, él adivinaba en nosotros, presdigitador de la moral, numen de rebaños perdidos. Inclinaba la cabeza y escuchaba, moviendo casi imperceptiblemente los labios, como rezando por nuestras tribulaciones, bajo una luz salvadora, tenue.
El escritor rumano de expresión francesa Emil Cioran, en su opúsculo de aforismos De lágrimas y de santos, se aferra en su escritura a una experiencia insomne, de éxtasis; vale decir, que en el sacrificio el ser humano se eleva espiritualmente al éxtasis.
Tarde en la noche, se me antoja imaginar al Padre Rebaza llegando exánime de sus labores eclesiásticas, muchas veces a pie; muchas veces, según decían quienes lo vieron empapado y descalzo con los pies desollados, haciendo penitencia.
Quién pudiera soñar con la iridiscencia barnizada por una realidad duermevela, al Sacerdote, al amigo del millón de hermanos, anotando alguna entrada de sus diarios; joven, con largas ansias por cambiar el Perú católico, aquel pedacito celeste y oro donde la gente fervorosa invoca a Dios al amanecer: Contumazá. Muchas veces sacrificando horas de sueño, para entrar a ese reino epifánico que produce el tener contacto con lo divino de llevar un diario “Divino”. El hablar con las propias derrotas hasta enaltecerlas mediante la palabra y la oficiosidad, en órdenes tenaces para programar el día de mañana, que siempre es otro día, como invocando la esperanza de un cuerpo cansado que obedece al espíritu fuerte, a “un joven de carácter”. Y cómo la mente se nos hace llevadera; cómo la mente deja a un lado la desidia, la flojera, el pesimismo, y decide saltar esa gran valla del mundo, con ruido, con palabras enajenadas a la civilización del descarte; que muchas veces derrotan el altruismo, tan escaso en estos frívolos días. Esa fatalidad innombrable que muchas veces declina la canción del buen samaritano hasta envilecerlo, hasta volverlo del lado luciferino: la fatalidad del cansancio.
Pero el Padre Rebaza en sus diarios nos abre la brecha de una luz inenarrable, de una luz esperanzadora que vadea los caminos mejores; los que se cruzan descalzo; los caminos que se sudan con polvo y sol sangriento corriendo por dentro; cual procesión que en nosotros acalla; cual la agonía de las penas y los agobios que se esfuman anotando que queremos un pedacito del Perú para enaltecerlo e igualmente enaltecernos escribiendo por una ruta esperanzadora, lo inimaginable, la luz universal de los hombres; aquellas lágrimas que por vía desconocida los santos lloran hacia el cielo, en pos de una lluvia salvadora del espíritu.

                                          Jack Farfán Cedrón
Cajamarca, 28 de Noviembre de 2017




[1] Juan Manuel Cedrón Plasencia (compilador). El Diario del Padre Luis Rebaza Neira Ofrecido al Señor Jesucristo. Lima-Perú. 143 págs. Black Line Studios SAC 2017. p. 15
[2] Op. cit. El Diario del Padre Luis Rebaza Neira Ofrecido al Señor Jesucristo. p. 16.
[3] Ibid. El Diario del Padre Luis Rebaza Neira Ofrecido al Señor Jesucristo. p. 16.
[4] Ibid. El Diario del Padre Luis Rebaza Neira Ofrecido al Señor Jesucristo. p. 16.



UTÓPICO SENTIR, Por Nick Díaz Menéndez

El trance del primer suspiro. El trance del primer susurro tuyo en mi odio. Desorbitado, pero excitado. Inexplicable, pero dulce la duda que me envuelve en un sinfín de ilusas ideas, mientras mis ojos bailan con los tuyos pausadamente, donde las palabras juegan el papel perfecto para perdernos en los laberintos de un simple juego y caer bruscamente a la realidad que ambos deseamos.

Dirigí la mirada a tus perlas, a tu boca y a tus senos. Navegaba en tu aroma con mis fosas, mientras saboreaba de tu cuello, de tu carne. Luego la pecadora víbora murmuraba en tu oreja afirmando el Edén, mientras que tu miel melaba mi mano derecha por completo.

Se aceleró el galope, el corazón empezó a correr, gemías lento en mis oídos afirmando mi nombre, al mismo tiempo apretabas de mi hombría, hacia el cielo y hacia el suelo constantemente. ¡Nohmf! Moldeaban tus labios sin resistencia alguna apretando mi cinturón cuando exploraba con mis dedos lo oscuro de tus campos, pero fue más que suficiente para encender por completo tu alma rebelde. 

Me arrojaste hacia el fértil pasto donde el olor de la tierra húmeda no era más que pasajera mientras arrancaba cada prenda que ocultaba tu naturaleza.

Te tomé por el cuello mientras te penetraba suave, Minerva nació entre tus labios, haciendo poesía cada frase en cada palpada con tus almohadones. Tus gemidos en plena rapsodia electrizaron mis sentidos, despertando mi parte animal ahogándome en un abismo de egocentrismo de placer. Giramos 180º, deslicé una mano para alzarte la pierna y la otra para apretarte el cuello. Una, otra, otra y otra vez, de una manera enferma, salvaje, atinando en tu gusto, dejándome tu firma en mi espalda por mordisquear tus pezones.
    
Recostados en un rosal de espinas cortadas con mi cuerpo, donde yo estoy dispuesto, arrancar hasta tu último aliento, donde tú estás dispuesta a dar todo, sin importar el tiempo. Volviéndome un preso voluntario, un hieródulo de las perlas bajo tu escurridizo cabello.

En un juego siniestro donde ambos perdemos la razón y el miedo. Hasta que el tiempo deje de ser ajeno y sea padre… Obligándome a salir del Edén para traerme al Purgatorio.

3:00 a.m…

Despertó el loco a expandir su mente, mientras los cuerdos duermen. Expresé mientras me senté observando al infinito.

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lunes, 30 de octubre de 2017

TRANCE IV

Indeciso pensamiento
Que me acoge
Mientras respiro recuerdos,
Que fracturan mentes.
Caminando entre las ajenas palmas de Azhael,
Recordando el sueño.
De rojo manchan el altar,
Matando a la duda antes de hallarla.
No es la parca quien abraza
En la fatigada soledad que nos escucha.
Una tras otra, pena tras pena.
Como gotas de lluvia en una hoja seca,
Recorrían mis campos,
Con la culpa aun en la garganta Y
Con la razón entre mi entrecejo,
Apretando a la ira entre mis manos,
GRITANDO “¡DIOS MÍO, YA SUCUMBIÓ MI FE!”
Mientras la saliva se mezclaba con mi llanto
Siendo mi tinta hacia el papel.
Pobre, pobre hombre,
Arrodillado estando parado
Con la mente palpando el límite y

Besando el orgullo.

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