EL PADRE REBAZA, UNA VIDA AL SERVICIO DE LOS DEMÁS

miércoles, 31 de octubre de 2007

LABIOS... / Héctor de León




labios tus labios
la herida del crepúsculo
se agita en el silencio de tus ojos

como el mar y las rocas
el sueño y el anhelo
se mezclan y separan y se mezclan
se separan y mezclan
se separan

el viento crece con la lluvia
y me dejo correr entre tus dedos

labios
la palabra se llena los ojos de milagros
en tu risa y tu piel

en tu risa y tu piel
se gesta el mundo

labios
tu boca está asomada a la ternura
y el verano se asoma al horizonte
siguiendo nuestras huellas

labios temor temblor
desnudez de retamas, lirio herido
los besos se nos caen de la luna
y en un silencio acompasado
yacen las marejadas
en la boca más honda de las profundidades

sábado, 13 de octubre de 2007

Dos poemas/Giuliana Llamoja Hilares

LAS BRASAS INVISIBLES

Dame un derrotero, una razón,
un campo de plumas
más allá de las lágrimas que azotan
atrozmente
el mediodía.

Como el grito del pájaro cazado
caigo en la onda sorda que el tiempo
estira
sangrientamente.

Privada de la vida, la muerte
es un helecho de rosas negras
hojarascas humeantes.

Su perfume la despedida de mi más
inaudito dolor.

Y las brasas que me habitan
trozos de escarnio
sobre palabras que se desploman
sobre el papel.



PAROXISMO DE LA PENA

Conozco las coordenadas del dolor
maldito arquitecto
como una hormiga la inmensidad
de las montañas
como la soledad a la compañía
como un lamento repartido cada día
así, conozco a mi vida.

Ella es como aspa impávida detenida
como un silencio antiguo
sin profundidad, sin sentido.

Ella tiene los ojos
como la boca de un volcán dormido,
la lengua como un campo en sequía,
a las que las sucesivas estaciones
solitarias
han dejado muy grávida
como un sol de plomo,
llevo una vida sin vida.

Ella es muerte en mi carne
Ella es sombra en el día
Ella es todo y nada.

Conozco la sinfonía del trapecista,
sin sentido;
y la verdad en la mentira,
más mentira;

Ella es como un aspa impávida
detenida
como un campo en sequía
llevo una vida sin vida.

lunes, 8 de octubre de 2007

El poema oculto de césar vallejo/Blasco Bazán Vera

El estudioso Hugo Arias Hidalgo acaba de descubrir un poema jamás inserto en libro alguno que hable sobre César Vallejo. Sin duda alguna, este descubrimiento enriquece todo lo que se diga y se siga diciendo y escribiendo sobre nuestro vate universal.
Al Instituto de Estudios Vallejianos de Trujillo que preside y dirige el Dr. Adolfo Alva Lescano, nos ha llenado de profunda satisfacción este descubrimiento que alimenta gratamente al mundo intelectual porque se trata de un poema, mejor dicho, del primer poema escrito por el vate santiaguino.
Grande fue la sorpresa de Arias Hidalgo quien estando por Cerro de Pasco, el año 2003, recolectando datos para un trabajo académico en el “Minero Ilustrado”, se topó con un poema que lo deslumbró al comprobar luego que se trataba del primer poema dado a luz pública perteneciente a César Vallejo.
El poema que lleva por título “SONETO” apareció el 6 de diciembre de 1911 en el Nº 782 del vocero “El Minero Ilustrado” de Cerro de Pasco. Vallejo había llegado a esa ciudad andina en mayo de 1911 acosado por múltiples urgencias económicas, que logran, en parte, ser aliviadas al desempeñar como preceptor de los hijos de Domingo Sotil miembro de la alta sociedad cerreña.
Pero, este poema habría pasado desapercibido si es que no se hubiera contado con la disponibilidad de la Universidad Ricardo Palma que rectora el estudioso Iván Rodríguez Chávez, al publicarlo sin retardo alguno acompañado de una deslumbrante nota apreciativa del prominente vallejista, Dr. Edmundo Bendezú Aibar.
Hoy damos a conocer esta pieza literaria resaltando una vez la brillante inteligencia de Vallejo quien siempre estuvo dispuesto a emprender grandes obras como lo hacen los grandes genios. Sorprendámonos al notar que Vallejo contando, solamente con 19 años de edad, había ingresado a escudriñar los campos del soneto cultivados y apropiados solamente por la calidad literaria del español Marqués de Santillana y en el Perú por Martín Adán.
Para Vallejo, introducirse en los predios del soneto no fue una temeridad sino una valentía. Él, sabía que era inteligente. Ya antes, en Trujillo, había deslumbrado a sus amigos, memorizando y recitando un poema que Oscar Imaña Sánchez le leyó y que luego no pudo acordarse cuando quiso recitarlo ante el inaugural Grupo Norte reunido en el atelier de Macedonio de La Torre; o, no permitiendo que sus condiscípulos sean recesados en la asignatura de Química en la Universidad trujillana al prepararlos debidamente contra el tiempo que los ganaba; o, también observando que César Vallejo era el estudiante universitario poseedor de las más altas notas en aprovechamiento.
Este poema primigenio descubierto por Hugo Arias Hidalgo al que Vallejo conscientemente le puso como título “SONETO”, dice así:
El día toca a su fin. De la cumbre
de un enorme risco baja el rebaño
pastor garrido, que con pesadumbre
toca en su quena un yaraví de antaño.

El sol que lento cae, con su lumbre
dá un tinte de misterio y de tristeza
á un campo de solemne soledumbre.
La aura pasa suave. La noche empieza.

La choza pastoral está á la orilla
de un río de corriente silenciosa;
hila en la puerta una india candorosa.
………………………………………
Después los labradores en cuadrilla
rendidos se recogen a la choza
………………………………………
Dá las seis el reloj de una capilla……

Parodiando las mismas palabras de su autor, diremos que, sobre César Abraham Vallejo Mendoza, hay, hermanos, todavía, muchísimo que decir.

viernes, 5 de octubre de 2007

Kcreatinn, Creación y más

El pesimismo no es fuente de inspiración, es un estilo de vida que se lleva de la mano con lo mejor que tenemos los seres humanos: la sinceridad. A diario llevamos preocupaciones, anhelos, frustraciones, y casi siempre nos olvidamos de llevarnos consigo nuestra sinceridad. Por qué arrancar con esta reflexión, ¿sincera? Es simple, la sinceridad no cuesta mucho, mucho más que la mentira. A menudo la mentira ha desencadenado en grandes gastos de dinero para los hombres, en grandes caos existenciales que no existirían si fuéramos sinceros. Este primer número de la Revista Kcreatinn apela a un juicio certero al momento de escribir: la sinceridad. Nadie más que nosotros para hablar de una manera casi desnuda a cerca de nuestros propios demonios, de nuestros propios rollos existenciales, poniendo como telón de fondo una visión pesimista de la vida. Ni apenas edulcorada, ni siquiera acre, ni un tanto salada debe ser la literatura, más bien creo que debe apuntar a un juicio certero, es decir, si quiero ser un hijo de puta, lo seré, y de manera total, no a medias; si quiero ser un pobre y triste imitador de Neruda, lo conseguiré a punte de trabajo; si quiero ser un nihilista en potencia, pues antes debo leer toda la filosofía, o al menos gran parte de ella. Nada es ni debería ser gratuito. Este esfuerzo colectivo busca dar a conocer buenos trabajos literarios y más bien en los primeros números se ha ensañado con no dar cabida a los renombrados, a los faranduleros, más bien un mostrar el lado menos publicitado de esa fauna que es la literatura. Algo más que sueños traslucen estos textos de la Revista Kcreatinn, textos de variado corte: el artículo, la prosa, la ficción, la reseña. Algo parodiada, algo remebunda y trasgresora del sistema es el magma o corpus de la Revista Kcreatinn. No es mi intención reseñar todos y cada uno de los apartados, como un condenado y sistemático científico o matemático, no es ni mucho menos mi intención hablar de todos y cada uno de los autores, que más que dedicados a la literatura van más con lo de sobrevivir en sus rutinarios trabajos, gracias a los cuales ha sido posible la edición de este sueño, que tal vez nació en algún conocido bar o club nocturno de esta dormida Cajamarca. Parabienes. Colaboraciones: kcreatinnorg@yahoo.es

UN CEMENTERIO PARA POETAS EN PERÚ, EN LA CUNA DE CESAR VALLEJO/Arturo Prado Lima-Madrid-España

En 1997 conocí en Berlín al poeta peruano José Pablo Quevedo, quien llegó a la Alemania Oriental como estudiante de antropología. Después de la caída del Muro de Berlín, y ya con un doctorado bajo el brazo, se quedó como profesor titular de la Universidad Humbolt, de Berlín. Es un indígena peruano maduro, serio, y con una gran obra poética ya publicada a sus espaldas. No hay muchos escritores peruanos en Alemania, pero los que están suplen esa ausencia, y el Perú está bien representado poéticamente, no sólo el Alemania, sino también en España y en Francia.
Víctor Bueno Román, otro poeta peruano, a quien conocí también por aquellos tiempos, compartió los anhelos de José Pablo de homenajear en Alemania al gran César Vallejo, y se hicieron con una Asociación de poetas que lleva el nombre del poeta. Y para seguir honrando al vate, como buenos peruanos, José Pablo se ideó el encuentro de poesía Alemana latinoamericana, que se celebra desde hace doce años, puntual, a finales de primavera.
Poetas de toda Latinoamérica concurren al encuentro que ya goza de fama internacional, y al que se han unido entusiastas poetas de todos los rincones del mundo, desde Argentina hasta Vietnam, de estados Unidos a China, desde Egipto hasta Alaska.
Fue en una de esas tertulias, me comentaba José Pablo, que se le ocurrió la idea del cementerio para poetas en Santiago de Chuco, donde nació César Vallejo. Todos los poetas del mundo tendrían cabida en él, siempre y cuando manifiesten su deseo de ser enterrados allí, y costeen, en principio, los gastos que eso conlleva.
Cada nicho mortuorio tendría una sala de lectura donde estaría expuesta la obra del poeta y donde todo el mundo podría consultar, estudiar, seguir de cerca la obra y la vida de quien admire. Abría grabaciones del poeta, Crítica literaria, Material bibliográfico, y una especie de museo con algunas de sus pertenencias. Sería el recuerdo material y poético en donde el cementerio sería más bien un inmenso parque temático de la poesía universal.
Durante muchas ocasiones nos reunimos con José Pablo, en Berlín o en Madrid, y él sigue con su obstinación del cementerio para poetas. Porque, por primera vez la muerte de un poeta sería el renacer efectivo de su poesía. Es decir, y esto lo digo yo, la muerte material del poeta daría paso a la vida más allá de la muerte, por medio de los poemas.
A mi me parece que es una idea formidable. No tengo a mano su correo electrónico. Pero te lo enviaré. No sé si José Pablo esté ahora en Lima. Lo llamare a Berlín y luego te comunico. Sería bueno que tú te hablaras con él. Aunque tengo entendido que la idea ya la conoce la prensa peruana y algunas instituciones, no se ha concretado nada. Hace falta impulsores. Y yo creo que tú puedes ser uno de ellos.

Héctor Edgardo de León/Tres poemas

Poema para mi desamor

Amor, amor, de veras no me escuches.
Miento porque me siento acorralado,
si tarde estoy despierto es porque sangro,
si canto es para ahogar nuestros silencios.

Quiero huir de estas noches que me aúllan
tu nombre, y escapar de mis espejos;
llega el tamiz dorado de la tarde
que parte el mundo en dos y estás ausente…

No estás… siguen saliendo las auroras
que dieron luz a Aníbal en Cartago,
a Ciro en los jardines babilónicos
y a Héctor insigne domador de equinos.

¡Oh, angustia, oh soledad!: ¡rompan mis ojos
porque amar o no amar es sufrimiento!;
se desgarra la carne por buscarte
pero salto de mí cuando te arrimas…

Mi cama está sudando las derrotas,
y la sábana abraza tus recuerdos
y reír y llorar es la constante
de mi espacio sin tiempo
que es mi tiempo.

Haré coraje, iré a cazar estrellas
en los abismos de las noches tuy
asmas compartir la piel se me hace lejos
y caigo en mis adioses de hojas secas…

Amor, amor, la aljaba preparada;
yo, con mis manos sueltas en el aire,
salgo a dormir los pájaros que lloran
apretando mis tardes en tus huellas…

Voy a quebrar el arco… ya no puedo
vivir como un suicidio esta condena
Por dónde iré por no encontrar tu nombre
si es mi camino de poesía doliente...





si somos uno

Helena allá en Esparta
vos en la Buenos Aires de espejos y cemento
—la ciudad que tritura la esperanza
y entristece las alas
la que mirando al mar mira para otro lado
la que engendra pirañas
y la que cuando llueve
cuelga grises harapos en los ojos perdidos—

Helena en Troya y vos
—en la ciudad sitiada por mis versos—
se parecen un poco

aquella, disputada por Menelao y Paris,
y vos, por un Poeta que a la vez es un Hombre

Helena,
inalcanzable para mis sueños rotos
—diría Menelao a través mío—
aunque diez guerras arme
aunque cante victoria sobre diez mil guerreros,
su corazón es Paris y nada lograría
con mis sesenta naves yendo a Troya
y aceptando el combate

y vos, la inenarrable,
amada mía aún antes
de conocer tu nombre
—que tampoco es el tuyo—
adorada en mis dulces secretas catacumbas
por quien lucho y desangro todas las geografías
escondiéndome siempre
(que el deseo avergüenza
y el miedo inmoviliza y apuñala)
¿quién sos realmente vos?

si sólo sos Poesía, solamente Poesía,
puedo endulzar mi sangre por tus venas
y ser yo tu milagro y vos el mío

pero hay una Mujer que me grita mi nombre
desde ese nombre tuyo adorado en silencio
y la angustia me ciñe las caricias
y el amor se me enturbia

el amor se me enturbia
como el dolor que yo tampoco entiendo

todo parece fenecer
la vida se despeña
y cae exangüe al mar

los adioses me llenan los espacios
con pájaros huyendo
y el tiempo —ese ciego tenaz y sin sentido—
los mata, los entierra y me hace olvido

tu corazón ya no lo siento mío
y es un retrato enmohecido y viejo
desleído y en sepia
que ingenuamente atesoré y me muere

¿a quién amas, tú, Helena?
¿y a quién amas, tú, mujer divina e inefable?

y si yo soy tu amado,
si Menelao y Paris y el Poeta y el Hombre somos uno,
si somos uno,
acércate, hazme tuyo

con el anillo en llamas de tus besos de octubre



mis manos

mis manos
quietas como los pájaros de la noche
sin caricias
sin revuelo de besos

¡y qué lejos estás…!

en las copas de los árboles
las lágrimas cuelgan sus nidos
de fuegos apagados
y ahueca tus labios
un túnel de silencios
como un sombrío cascabel de besos

filosa y fría
la distancia
viene a abrirme las venas

sin embargo
un susurro en la noche
nos acerca

el eco de tu pulso
arrebata mi carne
y fluye en mí tu nombre
rebosante en caricias detenidas

como un sueño
te arrebujas conmigo y en mis brazos
desbordan los jazmines tu presencia

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