EL PADRE REBAZA, UNA VIDA AL SERVICIO DE LOS DEMÁS

martes, 21 de abril de 2009

Enrique Herrera Cubas

La enfermedad de un mimo - El mal del protagónico
Hacia la vanguardia de nuestro Mimo Corporal Dramático

Comenzaré declarándome un mimo nocivo para mi generación, padezco el mal del protagónico, una enfermedad psicótica que posesiona mi actitud frente a mi trabajo y hasta mi familia, es altamente contagiosa, la contraje sin darme cuenta, los síntomas son totalmente perceptibles, los más comunes por ejemplo:
1.- La terquedad de creer que siempre tengo la razón, esto se vuelve más fuerte con el tiempo, mientras más años tenga como mimo, más creo en el absolutismo de mis opiniones.
2.- Mi espacio personal prácticamente ha desaparecido, no hay lugar en mi casa que no esté invadido por mi trabajo.
3.- He perdido a mis mejores amigos pensando que sus oficios son aburridos y nada reflexivos, comparado con el mío que según yo es el más entretenido, reflexivo y hasta intelectualmente obligatorio para todos.
4.- Siempre quiero saber todo, por eso creo saber todo, tengo muchos libros que no he leído, es más, aun están en su funda plástica desde hace más de un año desde que los compré, están nuevos y aun no han sido abiertos, el hecho de tenerlos me hace sentir que ya los leí y que estoy empapado en el tema, cuando realmente no sé nada de nada.
5.- No quiero oír las experiencias de otros mimos, ni sus descubrimientos, logros u otras novedades, porque las conozco todas, según yo ya las he vivido o no hay nada oculto bajo el sol, lo peor es que si las escucho, mi lengua venenosa, opaca y desalienta el entusiasmo de los nóveles y repelo a los ya experimentados.
6.- En cada función en la que actúo, pienso que mis colegas irán a verme para criticar y despedazar mi trabajo, así que actúo pensando en quedar bien con ellos y me olvido de las emociones y actitudes de mi personaje, a veces hasta se me traba el texto de los nervios del qué dirán, me olvido de mi mismo y de mi pasión por el mimo, lo cierto es que actúo tenso y desconcentrado, fluye esta enfermedad que echa a perder mi trabajo.
7.- He perdido mi inocencia, el espíritu que vivía en mí cuando descubrí el potencial creativo del ser humano, el primer día que esto pasó, fui infectado en pequeñas dosis por esta enfermedad que la padecían algunos de mis compañeros del curso, hasta mis profesores. Desde ese entonces este mal empezó a cultivarse lentamente, hoy, después de diez años, ha llegado a un punto crítico, no estoy asustado pero creo que pronto moriré, luego de la muerte, probablemente mi espíritu será consumido por la depresión, mi cuerpo se cuajará por el alcohol y seré velado y enterrado en un cementerio que nadie irá porque nadie lo conocerá, mi nombre no pasará a la historia, mis logros, propuestas y novedades, no serán reconocidas jamás, otra persona tomará mi proyecto y lo presentará como suyo sin reconocer que fui yo quien puso la primera piedra.
Este séptimo síntoma es el más grave de la enfermedad, todas estas estupideces que acaban de leer pasan por la mente del infectado, conozco ese estado, afortunadamente no he llegado a esto, pero lo he visto muy cerca.
Quiero curarme, no quiero morir, no quiero ser intelectual, quiero quemar mis libros, no quiero ser rico, ni siquiera pobre, porque hasta esa palabra tiene otro significado, perdió su simpleza, se usa con pretensiones, solo la menciona la gente “importante”, la pobreza también ha sido infectada por el mal del protagónico.
“Solo sé que nada se”, esta conocida frase de Sócrates me parecía tan falsa, ¿Cómo un gran filósofo que ha trascendido hasta nuestros días pretende engañarnos con esta ridícula frase y su profundo significado?, el mal del protagónico no es una novedad, se gesta con la gestación del hombre, haciéndose más fuerte en las sociedades civilizadas, sobre todo en Grecia, teniendo en cuenta que es un mal del actor, probablemente se halla propagado a todos los artistas, a todos los seres humanos, ahora esta frase de Sócrates ya no me parece tan falsa, medito sobre ella y me da la certera sensación de que el ya conocía esta enfermedad y sus consecuencias, saber mucho no siempre es el objetivo o el fin, a veces no me sirve de nada pero sirve de todo para este mal, prefiero enamorarme, reírme o tener hambre, pero esto es lo que yo creo, y como estoy enfermo, lo que yo creo es lo que debe ser, este capítulo puede ser uno de mis tantos síntomas que aun desconozco, todo este capítulo puede estar infectado, puede ser parte de mi protagonismo involuntario, lo cierto es que necesito ayuda, dicen que el primer paso es darse cuenta y asumir que la necesitas, a veces darse cuenta puede ser más nocivo si mi carácter es débil, según yo soy fuerte, pero acabo de demostrar que estoy indefenso.
Rímac, sábado 28 de febrero del 2009 / 9:15 a.m.
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Cordilamente,

Enrique "Mágico" Herrera
Productor y director general
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