EL PADRE REBAZA, UNA VIDA AL SERVICIO DE LOS DEMÁS

jueves, 14 de mayo de 2009

José David Cano / Alfonso Castañeda

La poesía no compite con ningún género literario
El Financiero. Miércoles, 13 de mayo de 2009



Imagen: http://arqueidea.wordpress.com/2009/03/17/%C2%A8-poesia-%C2%A8/

La poesía no compite con la novela, el género favorito de las editoriales más poderosas. No. Compite contra el tiempo, a través de la palabra, por la preservación del lenguaje. Perdura según su calidad. Acercarse a un poeta es un reto, un viaje, un saciar la sed. Ya que la poesía es -y muchos así lo sienten- el momento más alto de la creación literaria.

En El arco y la lira, Octavio Paz escribió: "El poema funda al pueblo porque el poeta remonta la corriente del lenguaje y bebe en la fuente original." Y, sí, el tiempo corre vertiginoso, a trompicones. Incluso la novela, en especial el best-seller, propicia lo instantáneo, informa, excita al lector. Mientras que el poema encapsula algún instante. Vierte y revierte. Juega y descansa. Incita a la soledad y sofoca la desolación.

Nada mejor que un buen trago de poema. Sacia la sed. Refresca. "Porque la poesía es una de las pocas vías que nos quedan para acceder, por un lado, a la utopía, a la esperanza; pero, también, a ver con mayor objetividad crítica todo lo que ocurre a nuestro alrededor", dice el poeta Gaspar Aguilera Díaz. Y es que, a través de la poesía, "el ser humano se sensibiliza, abre su concepción del mundo".

Carlos López, director de editorial Praxis, es claro: "Es la forma más elevada del quehacer intelectual." Pero una pregunta salta e interrumpe ante lo evidente: ¿está en crisis la lírica? López responde que no, aunque "sí la afecta el neoliberalismo".

José Emilio Pacheco aseveró, respecto a la crisis económica, que "la poesía ha resistido el vendaval, porque es la única de las artes que está fuera del mercado".

Y es cierto. La propia María del Carmen Ferez no comprende por qué la poesía no es bien socorrida monetariamente. "No debería ocurrir si es el alimento del espíritu." Pero la directora de la Fundación de la Casa del Poeta Ramón López Velarde lo aduce al mercantilismo del arte y, en parte, al tiempo "tan acelerado donde poco se reflexiona".

En cambio el poeta Jaime Labastida, Premio Xavier Villaurrutia 1996 y autor del libro Animal de silencios, explica que el poema no es "una lectura que se dé en masa. Es para ser leída a solas. Salvo excepciones, no hay grandes tirajes". Aquí un ejemplo: Jaime Sabines, poeta de multitudes, reeditado, antologado. "Taquillero y de calidad", lo denomina Carlos López.

Los poetas y la adversidad

Dicen los que saben que la poesía no tiene público, sino lectores. Su complejidad es superior a la narrativa. "Está hecha de la palabra y el sentimiento", comenta María del Carmen Ferez. "Exige mucho. Necesita un lector atento, cultivado, que sepa de ritmo, de acentos, de estructura", acota Jaime Labastida.

Gracias a los suplementos culturales, a fines de los cincuenta, los poetas tuvieron espacios. No había editoriales consolidadas, salvo el Fondo de Cultura Económica, Porrúa, Jus. Los poetas financiaban sus propias ediciones. Se leían entre ellos. Los tirajes, escasos. Fue a raíz del Movimiento Estudiantil de 1968 cuando los jóvenes, también los poetas, contaron con espacios de expresión. Surgen los talleres literarios, las lecturas de poesía, la revista Punto de Partida que dio cabida a tantas voces.

De poesía, cuenta Labastida, se hacían tirajes en plaquetas, muy reducidos, para conocimiento de unos cuantos. "Incluso se bromeaba: había dos grandes poetas en México: Si me Lees y Te Leo. Ahora es distinto. Hay muchos poetas, hay más editoriales, está el Internet.

Carlos López, conocedor de la industria editorial, poeta y maestro, cree que la crisis de la poesía no existe como tal, pese a las mermas financieras. "Debemos reconocer que los grandes poetas se desarrollan en la adversidad".

Pero la adversidad tiene distintas caras. Una de ellas es el soslayo de las editoriales. Aceptan manuscritos, siempre y cuando no sean poemarios, cuentos u obras de teatro. Al frente de Praxis casi 28 años, Carlos López sabe de lo que habla:

-Muchos editores arriesgan con autores de fama. Las grandes editoriales hacen negocio. Muchas veces publican un libro que lo tienen vendido con el gobierno. En ocasiones nada tiene que ver con la calidad poética, pero sí con los intereses políticos que tuvo el poeta en vida. Suele ser una mafia todo...

El mecanismo es conocido: por un lado, las editoriales transnacionales pactan con el gobierno el tiraje de determinados poetas; por el otro, las librerías más importantes no arriesgan: piden una cantidad de libros y, cuando vence el plazo establecido, regresan el material muchas veces maltratado, explica el director de Praxis; pero cabe una aclaración: sucede sólo con las editoriales independientes, pues tienen poco dinero para colocar los libros.

Se explaya: "Hay poetas y editores dignos que se preocupan por difundir la palabra que vale la pena. La poesía es una necesidad. Cuando veo que hay un buen trabajo, yo lo apoyo y lo difundo".

Es un hecho: el poeta no puede atenerse a las grandes editoriales ni a los grandes consorcios, interviene Andrés Cisneros de la Cruz, poeta inquieto (e irreverente), y editor de la revista Verso Destierro. "La poesía, desde su origen, siempre ha sido algo que se ha pasado de voz en voz, de boca en boca... siempre ha sido un rumor, siempre ha sido algo que se canta en la vida, en la calle." Así que, a ese respecto, no hay mucho por hacer: las editoriales seguirán mostrando desinterés por la poesía.

El camino entonces, agrega Andrés Cisneros, es el que sigue actualmente la poesía: debe ser tomada como un acto personal, "como el acto de uno de acercarse a la gente. Cierto: están los libros de los poetas muertos y consagrados, esos que se imprimen y se traducen por millones; pero éstos se quedan como lo que son: de grandes y de referencia. Sin embargo la poesía actual, la que se escribe en este momento, es una que también obedecerá a la distribución particular de los propios poetas. Ellos serán los que busquen la mejor vía".

Según María del Carmen Ferez, López Velarde estudió leyes al asumir que de la poesía no tendría para comer. Esto viene a colación respecto a los poetas "oficialistas", los burócratas, los diplomáticos. "Buscan la manera de vivir. Necesitan ingresos y esto se debe a que la poesía es poco socorrida", dice la directora de la Casa del Poeta.

Jaime Labastida no concibe que un poeta trabaje en contratiempo. Y es que las becas, necesarias en cuanto a lo económico, suelen también tener su lado oscuro. Es el tiempo precisamente lo que oxigena un poema. "Me parece una aberración escribir porque tengas una beca, como si fuera un trabajo que cumplir: entregar una serie de cuartillas en un plazo determinado." Lo dice un poeta que no ha buscado el apoyo del Sistema Nacional de Creadores de Arte, el mismo que nunca vio en la poesía un medio para "comer" sino para vivir. Desde hace 20 años es director de la editorial mexicana Siglo XXI. Fue profesor universitario y funcionario en Bellas Artes, aunque eso ya quedó muy atrás. "No solicito beca porque quiero hacer mi trabajo con libertad y a mi tiempo. Me importa la calidad y no la cantidad de lo que hago", comenta.

Muchos caminos, un destino

De los poetas, uno, quizás el más importante de todos en Latinoamérica, Rubén Darío, escribió sobre ellos y para sí: "¡Torres de Dios! ¡Poetas!/ ¡Pararrayos celestes,/ que resistís las duras tempestades,/ como crestas escuetas,/ como picos agrestes,/ rompeolas de las eternidades!"

La batalla, dice Carlos López, la verdadera, la más sanguinaria es la del poeta con su poema. Líneas arriba ya se han explicado algunas adversidades de la poesía, pero dilucidar el viaje interno del poeta para ordenarlo todo mediante la palabra, su proceso creativo, sus manías, es casi imposible, pues hay tantos mundos como poetas.

Por ejemplo, Jaime Labastida escribe en dos instantes precisos: al alba y cuando el crepúsculo. Momentos de soledad, mutismo, donde las palabras lo envuelven y la emoción lo guía hasta formar el primer verso, el primer párrafo; luego, la corrección. Así, el poema finaliza cuando siente goce y satisfacción. De ahí el tiempo: su tiempo.

-Primero trabajo la parte emotiva -comparte-, y en seguida lo trabajo hasta que me satisface; de no ser así, no lo publico. Pero hay otras veces que un poema me sale a partir de estructuras rítmicas y un soneto se llena de sentido.

Sí, porque escribir un poema, así como leerlo, no es igual que crear una novela. Antonio Gamoneda, premio Cervantes 2006, lo aclaraba al reportero Javier Rodríguez Marcos: "La literatura descansa en la ficción. La poesía, sea clara u oscura, no. Manifiesta hechos existenciales (sufrimientos, gozos, temores), es una emanación de la vida."

El poema sigue una vereda: la palabra. Pero hay algo más, lo revela Jaime Labastida: el mundo interior; él cree que en todos lo hay, "hasta en el más estúpido". Y sentencia: "Un poeta que no lo externe, que no lo traduzca en palabras, no es un poeta".

El camino lleva entonces a una de las eternas preguntas: ¿todos estamos dotados para ser poetas?, ¿se nace o se llega a ser poeta? Nacido en Aguas calientes hace 80 años, Víctor Sandoval es explícito:

-Ambas pueden ser, porque el poeta también nace, crece, se nutre y se reproduce. Con la poesía uno se siente realizado plenamente. Cuando se deja de escribir por un tiempo es como si algo le faltara a uno, como si la sangre no circulara bien y cambia el modo de ser, el modo de actuar... Además, la poesía no tiene horario; de repente ni la puerta toca y se mete.

Y eso es cierto, señala Gaspar Aguilera Díaz:

-Yo pienso que todo ser humano tiene esa capacidad, esa facultad; lo que ocurre es que en un mundo como el nuestro, donde se trata de suprimir o de reprimirnos justamente la expresión libre y creativa del ser humano (es decir, pensando en un mundo y una realidad capitalista), es obvio que esa parte se va dejando de lado, pensando que el que tiene esa capacidad o esa facultad son seres privilegiados; y no es así.

Poeta chihuahuense, aunque radicado en Michoacán -de quien se acaba de editar una antología de poesía erótica: Paisaje a medio cuerpo (Secretaría de Cultura de Michoacán / Editorial Jitanjáfora)-, Gaspar Aguilera piensa que si bien es cierto que todo mundo puede desarrollar de manera gradual y personal su capacidad sensible y estética, por otro lado, lamentablemente, a veces desde joven o niño estas posibilidades se cortan. "En general, en la medida en que todo ser humano es capaz de sentir, de transmitir lo que goza o sufre o ve, en esa medida es capaz de convertirse en poeta".

"Porque la poesía, dice el ecuatoriano Antonio Preciado, debe comunicar algo. "Esa es mi convicción personal. La poesía debe de hallar resonancias en los demás. Por eso estoy de acuerdo con el poeta cubano Cintio Vitier, quien dice que la poesía es encuentro de espíritus. Porque la poesía existe o justifica su existencia cuando se topa con alguien; de lo contrario, se queda dentro del creador y no me parece que ésta sea la intención de ninguna creación poética (ni de ninguna obra).

"Así que tal parece que no hay nada de qué preocuparse. Al final, resuenan las palabras vertidas en estas mismas páginas (hace un par de años) del poeta Juan Gelman: la poesía es y será lo de siempre. "Es una de las artes más antiguas del mundo. No vayamos muy lejos: a través de todos estos milenios ha habido catástrofes de todo tipo: guerras, pestes, luchas; pero el hilo de la poesía no se rompió nunca. Habrá poesía hasta el fin de la humanidad, sin duda alguna. Y no sólo por la necesidad de alguien por escribir, sino también por la necesidad de muchos de recibir."

Al horizonte de todos.

La cara de angustia lo delata: "Entramos a un terreno escabroso", dice el poeta ecuatoriano Antonio Preciado. "Digo escabroso porque no pretendo sentar cátedra -añade- sobre cómo debe escribirse o qué deba escribirse".

Así que repite la pregunta: ¿cuáles son o deben ser los temas trascendentes, o fundamentales, de la poesía? Responde:

-De entrada, hay que señalar que nadie puede llegar a decir todo a todos, eso lo sabemos; es imposible. Ahora bien, en lo personal siempre me he considerado un poeta popular; un poeta que busca recursos expresivos que posibiliten una comunicación. Eso es lo esencial, más allá del tema o los temas. Se trata de ese deseo de ir del horizonte de un hombre al horizonte de todos.

Porque la poesía, agrega Víctor Sandoval, es, en esencia, un múltiple espejo de la vida. "Por eso como avanzan las edades, avanza lo que se refleja también en el espejo. Ahora que tengo 80 años, naturalmente es otra forma de ver la vida a como la veía cuando tenía 50, o en la adolescencia. Entonces, conforme avanzan las edades, uno va escribiendo su entorno. En la poesía, es un diario escribir."

Así que todos coinciden: los grandes temas de la poesía -o sea: el amor, el odio, los celos, el desamor, la soledad, las dudas, la muerte o la vida son eternos y universales. Es cierto, hay algunos que son episódicos o circunstanciales y que por lo mismo son cíclicos, añade Gaspar Aguilera, "muchos de ellos convocados por el impulso y quizá por la urgencia de los sucesos de su entorno. Pero en general me atengo a lo que ya decía Juan Gelman: los temas o asuntos que trata la poesía han sido los mismos desde la época clásica hasta nuestros días. Creo que son temas que seguirán ahí, sólo que tratados en distintos tonos, atmósferas y densidades".

Y en eso tiene razón, advierte Andrés Cisneros de la Cruz. "Los temas siguen siendo, de algún modo, los que le conciernen a la humanidad. El problema actual, en todo caso, y más allá de los temas precisamente, es la forma en la que los abordas, lo que tú podrías aportarles... De hecho, en este crescendo que estamos viendo de la poesía es notorio que ha cambiado poco a poco la estructura de cómo en México se crea poesía; creo que se han diversificado incluso las tonalidades, también el asunto de los estilos".

Hoy, dice Andrés, el modo de expresar poesía tiene que ver por ejemplo con el performance y otros lados alternos. Pero tam- bién, y lo más importante, es que la poesía está inmiscuida en algo más profundo: el conflicto; "o sea, se está ligando más a la filosofía. Y ése es su plus".

Las juventudes poéticas

Con crisis o sin crisis, la cosa es evidente: "La poesía no tiene tiempo ni lugar, no es como el ensayo o la novela que se planifica", comenta el poeta Víctor Sandoval. "En la poesía uno va por la calle, y de repente surge una frase ante un hecho (quizás ante una mujer hermosa, un niño jugando, o una pareja besándose o que se abraza); puede surgir ante lo que sea. Porque la poesía siempre estará ahí.

Empero, una duda florece con este panorama del que venimos hablando: ¿quiénes serán los siguientes poetas mexicanos? Por el momento, las generaciones de los setenta y ochenta, las más próximas, son, quizá, los que le den más oxígeno. Carlos López está convencido de ello: en esta nueva camada recaerá el futuro de la palabra. "Es el semillero. Porque la poesía se renueva y ellos lo harán; lo dirá el tiempo." Él, que está interesado en los jóvenes, que no duda en publicarlos si de por medio existe calidad, sabe que -ellos- tendrán que sobrellevar esa tradición poética que caracteriza a México.

María del Carmen Ferez, quien desde 1991 ha recogido los frutos de este semillero que es la Casa del Poeta, observa que las generaciones nuevas han cambiado: "Son más auténticos en sus demandas. Saben qué es lo que quieren".

El director de Praxis, empero, critica a los poetas que no son solidarios con los jóvenes. Piensa que lo importante es impulsarlos en lugar de reprenderlos. "Algunos cobran mucho dinero en sus talleres particulares; creo que los poetas consagrados, una mayoría, no son generosos. Sólo ven por sus intereses; deberían devolver lo que aprendieron de otros grandes maestros. Podrían hacer mucho. El conocimiento que no se comparte, que no se devuelve, crea tristeza, amargura y dolor", advierte.

En cambio, Ferez enfatiza que en la Casa del Poeta tanto los costos como quienes imparten los talleres son generosos y accesibles. Aclara: "Si hay poetas inaccesibles no es por el poeta en sí, sino por el recinto." Y es que en la Casa del Poeta, que actualmente recibe alrededor de 116 mil pesos al mes por parte del gobierno del Distrito Federal -casi 36 mil pesos menos que el sueldo de un diputado federal-, las cuotas que pagan los talleristas son de 300 pesos el trimestre; eso sí: "A los estudiantes y maestros se les hace un descuento del 50 por ciento".

Jaime Labastida, por su parte, no se reconoce en aquello de que los poetas no son generosos. En su caso, explica, "si un joven me da a leer su trabajo, con gusto lo leo y le sugiero ciertos detalles; pero no le doy consejos, porque cada quien debe buscar su estilo". Recomienda, sin embargo, a los incipientes poetas: "Lean mucho, trabajen bastante y fíjense en los grandes modelos para seguirlos." Ya encaminado, concreta: "Hay que superar la técnica, que es sólo una guía; deben poseer la capacidad de innovación, detalles que no se aprenden en un taller o una escuela".

Víctor Sandoval lo señalaba en estas páginas: lean mucho, sobre todo a los viejos maestros, ya que los clásicos siempre serán jóvenes. "Uno los lee y los vuele a leer; siempre le enseñan a uno cosas nuevas..." Eso es lo que siempre les dice a los jóvenes; pero, especialmente, que no abandonen a la poesía; es enfático: "Si ustedes abandonan a la poesía, ella también lo hará".

Respecto a los tiempos vertiginosos, Labastida le exige a sus pares -consagrados o no- que aprendan a alejarse de ahí, del momento de la creación. Todo cae, dice, por su propio peso. Y es que las palabras llegan cuando deben llegar, ni antes ni después. Eso lo sabemos. De ahí el consejo de Carlos López: no se desesperen. Y agrega: "Lo que hace a la poesía es el tiempo. El poeta muere, su obra no."

Pero Andrés Cisneros de la Cruz va más lejos:

-Hoy debemos de hablar, de hecho, de poetas más integrales, de poetas más completos, que no solamente se preocupen por escribir poesía sino también por llegar a la gente; estamos en una época en que la poesía no puede quedarse sólo en 'libro', sino que también es un grito, es una lectura... Es, a fin de cuentas, un vínculo directo hacia la gente.

Y pone de ejemplo Verso Destierro, la revista que edita: "Nosotros la distribuimos en la calle y, hasta ahora, hemos agotado alrededor de 60 mil ejemplares de ese modo: de mano en mano. Porque éste es también el trabajo del poeta: no atenerse a que lo descubran los consorcios de la industria editorial (para convertirse en esos 'grandes poetas' o 'el gran nombre poético')." De lo que se trata, señala Andrés, es ser más arriesgado, pero algo más allegado a la gente.

"Ya no se trata de hacer ruido por hacer, sino más bien proponer ideas... Como lo veo yo, ya no es solamente criticar, o quedarnos en esos tiempos antiguos (apenas el siglo XX) donde los poetas se conformaban con ser contestatarios, donde sólo gritaban a ningún lado en especial, donde hablaban en favor del socialismo o en favor de la borrachera, el alcohol o las drogas o la homosexualidad y la diversidad; más bien necesitamos poetas que ejerzan la inteligencia, y, sobre todo, la autocrítica. Poetas que busquen caminos y propongan.

"Así, a pesar de las mafias, del desinterés de las grandes editoriales por publicar a los poetas, tal parece que el semillero seguirá proveyendo nuevas voces: alumnos que serán maestros y que heredarán. Porque mientras haya palabra, habrá poesía para rato. Así de claro.

Notas escritas por Lectura Ecatepunk

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