EL PADRE REBAZA, UNA VIDA AL SERVICIO DE LOS DEMÁS

viernes, 1 de mayo de 2009

Valmore Muñoz Arteaga

Nada de nombres


Amo tu desnudez porque en ella me descubro como otro. Porque en su misterio comienza mi cuerpo. La amo porque en tu desnudez y la mía siempre hay otra desnudez escondida. Tu desnudez, como escribió Dalton, derriba con su calor los límites. Me abre todas las puertas. En el siglo XVI, Diego Hurtado de Mendoza, había entendido muy bien el sentido de tu desnudez cuando escribió “Hermosura confirmada / con ningún traje se muda / ¿Véisla cómo vence armada? / Mejor vencerá desnuda”

En tu desnudez puedo compensar las desgracias de mi vida. Tu desnudez es juego de carnosidades, como pudo decirte Octavio Paz: tu desnudez es pan apenas dorado, tierra dormida que mis ojos cubren con una lluvia de miradas. Gaitán Durán escribía que: “al desnudarnos descubrimos dos monstruos desconocidos, que se estrechan a tientas.
Amo tu desnudez porque me recuerda que escribir me fuerza a desnudarme, tal y como sólo puede escucharse a Doors mientras desde tu desnudez invicta enciendes el fuego. Tal y como afirma Joseph Lluis Seguí en su Diario de Burdel: “me lleva a una escritura con el sexo desnudo, haciéndome quitar – al escribir – los pantalones. Y de esta manera, escribir – escribo aquí – con el sexo al aire junto al texto desnudo”

Creo que empecé a amar aún más tu desnudez luego de leer aquel correo electrónico en el que me escribiste: “Desnudarme es dejar que lean mi historia en letras mayúsculas. Ahí reconocen mi pasado, mis sombras. Descubrir las partes de mi piel que el sol no colorea es entrar en las cavernas donde duermen mis fieles salvajes, mis instintos menos elegantes, pero más sinceros. La ropa que lanzo y arrincono es el mundo que me sobra. Desde mi cuerpo abierto, con sus diversos tonos, emerge un sonido que me dispone entera a recibir el ajeno y llenarlo de gracia. Desnudarme es exponerme, entonces converso con las mariposas”
Tu desnudez también es ironía y tormento, porque esa desnudez de tu desnudez se torna inalcanzable, se torna deseo furibundo de infundirte mi veneno, de sembrarte oscuridades. Amo tu desnudez bañada en la Olympia de Manet, la misma cuya sólida desnudez turbó a Gautier, quien la definió como una provocación grotesca. La misma que cautivó a Zola y que luego hizo aparecer en La Taberna. Amo tu desnudez que descubre tu raza de mujer de fuego, o mujer flava como bien dirían los romanos. ¿Mujer Flava? Preguntaste con tímida sonrisa que hacía más embriagante tu desnudez. Si, Mujer Flava, es una mujer que nace en el pecado original, su naturaleza pecadora es una vocación. Dicen que ese nombre deriva de la leve pelusa rubia con reflejos argentados con la que prematuramente se cubre su seno joven, su cuello, los brazos y hasta sus mejillas. Es baba concupiscente, es, como dice De Cobeurtzell, un gato que frotándose contra la pierna de uno reclama su caricia. Balzac, que las conocía muy bien, describía ese pelambre desnudo como un terciopelo cargado de promesas de amor.

Por eso amo tu desnudez, río infinito de carne que mis manos, mi sexo, mi propia carne fricciona con ardor, y en esa fricción también desaparezco en un espasmo interminable. Tu desnudez que cabe en mi mano y en una copa vecina de mi lengua. Tu desnudez desnuda de tu desnudez. Y como Dalton, también te enterraré desnuda como cuando naces de nuevo entre mis piernas. Te enterraré desnuda para que limpio sea tu reparto en la tierra, para poder besarte la piel en los caminos y tranzarte en cada río los cabellos dispersos.

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Revista de creación y eventos culturales. Moderan: Doan Ortiz Zamora, Alan Bustamante Medina y Jack Farfán Cedrón, escritores peruanos.