EL PADRE REBAZA, UNA VIDA AL SERVICIO DE LOS DEMÁS

jueves, 9 de julio de 2009

Va ganando HAT‏


María Panero, Alvarado Tenorio, Borges y yo

Señor
Nelson Fredy Padilla Castro
Npadilla@elespectador.com
Editor dominical
Diario El Espectador
Bogotá DC


He recibido su amable invitación a participar con opiniones acerca del asunto de los poemas apócrifos de Borges que se ventilan en la edición dominical que usted dirige acertadamente en el diario El Espectador de Bogotá.

El juego de las apocrifias es un juego perfectamente legítimo dentro del canon literario contemporáneo. Jorge Luis Borges hizo gala de él en muchos de sus cuentos y escritos, inventando autores y obras de diferentes épocas, y lo hizo de un modo tan magistral que nos hizo creer a todos por un tiempo que tales obras existían de verdad y que esos autores habían sido tan reales como nosotros. Creo que él inspiró en cierto modo varios de esos ludismos a autores de la literatura moderna, de la que él mismo es representante insigne.

No tendría nada de raro entonces que Harold Alvarado Tenorio, poeta colombiano seguidor de la obra de Borges y estudioso de ella, lo imitara desde joven, insertando un prólogo de Borges a uno de sus libros: Pensamientos de un hombre llegado el invierno. El prólogo imita tan bien el estilo borgiano, que el mismo Borges al leerlo alguna vez expresó que podía haber sido escrito por él, alimentando así el carácter espejeante del texto literario.

Por si fuera poco, Alvarado Tenorio escribió unos sonetos donde imitaba el estilo de Borges y los publicó en varios periódicos de América, continuando con este juego, y son tan ingeniosos, que muchos nos volvimos a creer el asunto. Por supuesto, los textos generaron controversia, hasta desembocar en la polémica que mantienen hoy Héctor Abad y Alvarado Tenorio con respecto a ello, la cual ha alcanzado los límites de cierto escándalo.

Recibí hace más de un año una llamada de Héctor Abad desde Alemania donde me consultaba al respecto y yo le dije que había sido testigo de la escritura de algunos de estos textos de Harold, cuando fui a visitarlo a Nueva York en el año 1982, cuando él trabajaba allá como profesor en una Universidad privada. En efecto, Borges visitaba por entonces Nueva York y ocurrieron una serie de incidentes fascinantes con María Panero, él, Borges y yo, que Harold aprovechó para sacarles provecho en una crónica, que tiene matices de fabulación, como toda buena crónica, y que funciona perfectamente bien como un divertimento literario.

Lo demás lo ignoro. No he leído los artículos de Héctor Abad --novelista que admiro y respeto-- al respecto. Sólo conozco parte de una misiva que él le remitió a Alvarado Tenorio y me reenvió a mí, donde dice que nunca le ha difamado y que él en cambio sí ha recibido una andanada de infamias e insultos, cuestión que de ser cierta es de lamentar.

Gabriel Jiménez Emán
gjimenezeman@gmail.com


Die Katakombe
Por Stanislaus Bhör
stanislausbhor@gmail.com

I
Indagatoria apócrifa

"Cuenta el reinsertado que el 25 de Agosto de 1987, siendo las 5:50 de la tarde se ejecutó la orden dada desde la hacienda Las Tangas. Fueron 3 tiros de calibre 9 mm los que se llevaron la vida de "ese señor medio calvo, de gafas, que vestía una chaqueta negra, camisa y corbata". Antes de subir al Nissan Patrol facilitado para la operación por oficiales del F2, y debido a una sensación inexplicable de empatía hacia la víctima, se acercó al cadáver y hurgó en sus bolsillos. El billete de más alta denominación era de 5000 pesos. El cadáver llevaba diez de esos billetes. Tres fue lo que le pagaron al entonces joven de 20 años por los dos crímenes que cometería ese mismo día. El sicario tomó los billetes y puso en su lugar el poema que le había dado expresamente dos semanas antes el mismo Fidel Castaño Gil en la hacienda Las Tangas. Luego murmuró "el olvidó que serás, abuelo" y subió al Nissan Patrol que se alejó hacia el centro de Medellín.
El cadáver, lo supo al día siguiente en El Colombiano era del médico Héctor Abad Gómez, y el segundo era de Leonardo Betancurt.
¿Cómo llegó ese poema apócrifo de Borges a la hacienda Las Tangas?
Fidel Castaño Gil, fundador de las Autodefensas Unidas del Cordoba y Urabá era oriundo de Amalfi y aficionado a comprar obras de arte para el solaz del guerrero..."

Así se fabrica un folletón.
Todo se reduce al folletín

II.
El poema


Ya somos el olvido que seremos.
El polvo elemental que nos ignora
y que fue el rojo Adán y que es ahora
todos los hombres y los que seremos.
Ya somos en la tumba las dos fechas
del principio y el fin, la caja,
la obscena corrupción y la mortaja,
los ritos de la muerte y las endechas.
No soy el insensato que se aferra
al mágico sonido de su nombre;
pienso con esperanza en aquel hombre
que no sabrá quién fui sobre la tierra.

Bajo el indiferente azul del cielo,
esta meditación es un consuelo.

Un autor de pastiches bien pudo haber escrito el segundo verso, sí.
Pero el primero sólo un metafísico.
Ese verso sólo lo pudo escribir alguien instalado con un pie en este lado de la vida y el otro en la muerte: un poeta.
Y sólo podía llevarlo en un bolsillo de la camisa uno de los más amenazados en un país que sentencia a muerte y olvido a todo aquél que se atreve a revelar su brutalidad y estupidez. En estas polémicas entre quienes se adjudican o reclaman poemas de otros, los que investigan y opinan suelen desconocer lo esencial: ¿puede ser conmovedor un poema malo?, ¿puede el engaño ser arte?, ¿por qué llevaba aquel poema en el bolsillo el día de su muerte?, ¿qué es lo intrigante?, ¿su autor?, ¿su veracidad?, ¿puede conmover hasta las entrañas, un poema creado para otro fin?

III
La polémica


Doy por descontado que con el artículo de Abad Faciolince en El Espectador sobre el poema que apareció en el bolsillo de su padre asesinado, el único que parece satisfecho con la polémica entre aquel y Alvarado Tenorio es Jean-Francois Fogel que no puede creer que en Colombia se desate tamaña polémica por un pinche poema y haya tanto desocupado como para interesarse en ello.
De otro lado, al final de la polémica, resulta que el poema todos lo quieren adjudicar a Borges, y se acusa a Alvarado Tenorio de no ser su autor. Cualquiera sonreiría, pasaría página y pensaría que el juego en el que se ha ido la vida de Alvarado Tenorio dio resultado. De no ser porque los intelectuales selectos que ha usado El Espectador para hacer de opinadores en la polémica aprovechan el cuarto de hora menos para defender la autoría de Borges que para ir en desmedro del poeta colombiano (en desagravio de viejas lides.)
En El Espectador del último domingo publican la carta de Alvarado Tenorio a Abad Faciolince con el despliegue solicitado (no se iban a arriesgar a una demanda por suplantación de autoría), pero al tiempo solicitan dictámenes a Piedad Bonnet, una de las damnificadas de la atrabilis del poeta.
Por supuesto, la señora Bonnet cree que el poema es demasiado bueno para ser de Alvarado Tenorio. Y su sospecha se fundamenta en que él es incapaz de hacer un poema medianamente bueno. Los argumentos que expone surgen de la mala calidad de los remedos hechos por Alvarado Tenorio para ironizar el estilo de Bonnet (cuando lo hizo con su obra) y los otros que ha hecho con la obra de media docena de poetas. Olvida Piedad que imitar a Borges sería como calcar a Dios, porque para imitarla a ella basta con describir una mesa para desayunar llena de sobras y exclamar: ¡mamá está triste! Sin embargo descalifica al descalificador: ¿qué autoridad, --parafraseo--, puede tener un plagiario que utiliza como evidencias para menospreciar la obra ajena ardides tan idiotas como el origen social y la apariencia física...? Como si a un poeta no se le conociera por el rostro. Como si lo que anquilosó la poesía colombiana no fuera haber sido el divertimento de una oligarquía esnobista que se declaró con derecho a dictaminar qué es o no es el arte mientras se lima las uñas.
Andrés Hoyos, otro damnificado biempensante, es la autoridad a la que apela El Espectador como mozo de espadas. Claro, es una autoridad y tiene imperio: ex director de revista, ex hombre culto, ex gurú, ex hijo adoptivo de Fanny Mickey, ex gata caliente, ex semidiós, etc. Él cree que el poema es de Borges. Olvida que no hay original si es mejor la copia. De paso, atribuye la ira del poeta a la "envidia", como si Alvarado Tenorio hubiera obligado a Abad Faciolince escribir el folletín en tres entregas del diario de Polanco. Luego, corta por la tangente y dice que el único que podría zanjar la disputa murió en Ginebra.
Olvida que Borges, más ingenioso que todos los anteriores (juntos) hubiera atribuido el poema a Thomas Chatterton: un inglés del XVIII que imaginó su obra (heterónimos incluidos) como si de una novela se tratara. Creó un sinfín de autores medievales, escribió las obras de cada uno de ellos y les dio vida propia: hizo que se conocieran entre sí, que se relacionaran, que se escribieran cartas, etc. Luego, cambiaba todas esas mentiras por dinero. Y ahora, hay que reconocer, porque es de justicia, toda la obra falsa de Chatterton es su obra auténtica. Porque todo él fue falso y la falsedad, lo único auténticamente verdadero: Chatterton se suicidó antes de cumplir los dieciocho años. Hay un cuadro que representa ese momento. Su obra era ya grandiosa y él pasaría a ser parte de la leyenda del Romanticismo. Antes de morir, escribió: "Adiós, Bristol, inmunda ciudad de ladrillos. Amantes de la riqueza, adoradores del engaño." O sea: "Ahí os quedáis, tontos hijos de puta. Yo ya os he sacado todo lo que tenía que sacaros. Y de aquí me largo ahora mismo". (Albert Vázquez)

IV
El autor [del poema]


Probablemente en la capacidad invectiva de Alvarado Tenorio radique el escaso aprecio que le tienen Abad, Bonnet, Cataño, Diaz Granados, Hoyos, Jaramillo I, Jaramillo II, Mutis I, Mutis II, Ospina, Roca, Zipaquirá y media docena más de escaldos nacionales. Su Ajuste de cuentas, antología de poetas colombianos, pastiches incluidos de Roca, de Bonnet, de Ignacio Escobar Urdaneta de Brigard, es una masacre. Pero al fin y al cabo, ¿qué es una masacre en un país tan acostumbrado a la desgracia que una nueva tragedia poco le concierne?
Otra masacre más.
Literaria.
Desde la trinchera de la "biografía imaginaria", pasando por la anécdota enaltecida a una de las bellas artes, la traducción (Eliot, Ferreira Gullar, Cavafis, Li Bai, Jacques Brel, Mao Zedong) hasta el libelo, el plagio y el palimpsesto, lo que caracteriza la obra de Harold Alvarado Tenorio es agudeza, coraje y humor negro. En El Espectador han dicho que Alvarado Tenorio es un poeta "extraño", es decir, original, insólito, raro y chocante. Lo que no dicen es que Alvarado Tenorio es un maestro que tiene páginas que deberían figurar en una antología al lado de LaRochelle y de Bloy, muy a su pesar y de la materia que ha usado para escribirlas: la literatura colombiana; detritus.
Deberían acusarlo de haber vertido a una poesía muerta el genio doble de un poema original y apócrifo que se parece a los de Borges (que son de los mejores pastiches en todas las lenguas) y que aun así sigue siendo suyo. Pero no.
Deberían nombrarlo Fiscal General de la Nación.
Pero tampoco.

Una hoguera para que arda Goya by Daniel Ferreira

Imagen: www.correvedile.com

Licencia Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 2.5 Perú de Creative Commons.

Constelaciones

Archivo del blog

Datos personales

Mi foto
Peru
Revista de creación y eventos culturales. Moderan: Doan Ortiz Zamora, Alan Bustamante Medina y Jack Farfán Cedrón, escritores peruanos.